Dejamos una pieza de hierro a la intemperie y, con el tiempo, aparece esa característica capa rojiza que conocemos como óxido. El cobre puede adquirir tonos verdes. La plata pierde brillo y se oscurece.

Pero… ¿qué pasa con el oro?

De pequeño o pequeña seguramente escuchaste alguna vez aquello de «eso no es oro» o «eso no es bueno» cuando una cadena empezaba a oscurecerse, dejaba una marca en la piel o, directamente, te ponía el cuello verde.

La frase se queda ahí, guardada en la cabeza, y acabamos aprendiendo que al oro «eso no le pasa» sin saber muy bien por qué.

Hoy, en The Real Money, por fin vamos a entender qué tiene el oro para resistir al paso del tiempo mientras otros metales se oscurecen, se corroen o cambian de aspecto. Y, de paso, entenderemos por qué tantas civilizaciones estuvieron obsesionadas con él.

La respuesta, como la mayoría de las cosas de la vida, está en su química.

Pero tranquilos: no vamos a meternos en fórmulas imposibles ni en términos que obliguen a sacar los apuntes del instituto. Vamos a explicarlo de forma sencilla, entendiendo solo lo necesario para descubrir por qué el oro se comporta de una manera tan distinta a otros metales.

 

1. ¿El oro se oxida?

La respuesta corta: normalmente, no

En las condiciones que encontramos habitualmente en nuestro entorno, el oro puro no se oxida de manera apreciable al entrar en contacto con el aire o con el agua.

Por eso pertenece al grupo de los llamados metales nobles, materiales caracterizados por una resistencia química mucho mayor que la de otros metales.

La Royal Society of Chemistry describe precisamente al oro como un metal químicamente poco reactivo y resistente a la corrosión. En estado macroscópico no reacciona normalmente con el oxígeno ni con el agua.

Esto explica por qué un objeto de oro puede conservar su aspecto durante períodos extraordinariamente largos sin desarrollar la capa de corrosión que vemos, por ejemplo, en una pieza de hierro.

Pero para comprender la diferencia separaremos varios conceptos brevemente .

2. Oxidación, corrosión y óxido no son exactamente lo mismo

En el lenguaje cotidiano solemos llamar «óxido» a cualquier deterioro que aparece sobre un metal. Pero, químicamente, no es exactamente así.

¿Que significa oxidarse?

La oxidación es una reacción química en la que un material pierde electrones al interactuar con otras sustancias de su entorno.

En los metales, esto puede ocurrir cuando entran en contacto con el oxígeno, el agua, las sales u otros compuestos. Poco a poco, algunos de sus átomos cambian químicamente y empiezan a formarse nuevas sustancias sobre la superficie.

Eso es, por ejemplo, lo que sucede con el hierro: al reaccionar con el oxígeno y la humedad acaba formando esos compuestos rojizos que reconocemos como óxido.

¿Qué es la corrosión?

La corrosión es el deterioro progresivo de un material como consecuencia de las reacciones químicas o electroquímicas que mantiene con su entorno.

Aquí está la diferencia importante: la oxidación es una reacción química concreta en la que una sustancia pierde electrones; la corrosión es el deterioro que esas y otras reacciones pueden acabar provocando en el material.

Por eso, aunque muchas veces utilizamos ambas palabras como si significaran lo mismo, no son exactamente equivalentes.

La conocida herrumbre rojiza del hierro es un buen ejemplo. El hierro se oxida y, como consecuencia de sus reacciones con el oxígeno y la humedad, su superficie acaba deteriorándose. Eso es corrosión.

Pero no todos los metales se corroen de la misma manera ni adquieren el mismo aspecto. La plata puede oscurecerse por la formación de sulfuro de plata en su superficie, mientras que el cobre puede desarrollar esa característica pátina verdosa que vemos en tejados, esculturas o monumentos antiguos.

El oro se encuentra en el extremo contrario: en condiciones normales, reacciona mucho menos con las sustancias de su entorno, por lo que resiste especialmente bien estos procesos de deterioro.

Corrosión plata hierro cobre

3. ¿Por qué el oro es tan poco reactivo?

Aquí ya entramos en materia, nunca mejor dicho

Un trozo de oro no permanece intacto porque tenga una especie de «capa protectora» invisible. Su resistencia comienza en la propia estructura electrónica del elemento.

El oro es el elemento 79 de la tabla periódica, con símbolo químico Au. Ese 79 indica que cada átomo de oro tiene 79 protones en su núcleo y, si el átomo es neutro, también 79 electrones.

Esos electrones se distribuyen alrededor del núcleo siguiendo una estructura determinada. Los químicos la representan de forma abreviada mediante lo que se conoce como configuración electrónica. La del oro es:

[Xe] 4f¹⁴ 5d¹⁰ 6s¹

No vamos a descifrar cada número y cada letra porque eso daría para una clase de química en toda regla. Pero sí vamos a quedarnos con lo importante para entender, al menos un poco, qué está ocurriendo.

Esa combinación nos indica cómo están distribuidos los electrones del oro, y esto importa porque son precisamente esos electrones, especialmente los más externos, los que intervienen cuando un elemento reacciona con otras sustancias.

Dato curioso: el símbolo Au viene del latín aurum, «oro», una palabra cuyo origen está relacionado con ideas como brillar o amanecer. De esa misma raíz procede también aurora

Los electrones del oro están especialmente estabilizados

El oro tiene una peculiaridad más. Al ser un átomo muy pesado, algunos de sus electrones se comportan de una forma algo distinta a la habitual debido a los llamados efectos relativistas.

No necesitamos entrar en la física que hay detrás. Para entender lo que nos interesa basta con saber una cosa: esos efectos hacen que algunos electrones del oro estén especialmente bien sujetos al átomo.

Y si recordamos lo que vimos antes, para que una sustancia se oxide tiene que perder electrones.

Ahí está una de las claves: al oro no le resulta especialmente fácil desprenderse de ellos.

Por eso reacciona tan poco con muchas de las sustancias que encuentra a su alrededor.

Parte de la resistencia del oro empieza, literalmente, en sus electrones.

Y esos mismos efectos relativistas también tienen relación con otra de sus características más conocidas: su color amarillo.

4. ¿Por qué el hierro se oxida y el oro no?

Un ejemplo práctico para unir todo lo anterior: comparemos el hierro y el oro.

La diferencia está en la facilidad con la que cada metal participa en determinadas reacciones.

El hierro tiene mucha más facilidad para perder electrones y reaccionar con el oxígeno y el agua. Cuando eso ocurre, empiezan a formarse óxidos e hidróxidos de hierro: los compuestos que asociamos con la conocida herrumbre.

Además, esa capa no consigue aislar completamente el metal que queda debajo, así que el proceso puede continuar y la corrosión avanzar poco a poco.

El oro, en cambio, es mucho más «noble».

En condiciones normales, el aire y el agua apenas consiguen hacerlo reaccionar, por lo que permanece principalmente en su estado metálico.

De hecho, esa baja reactividad ayuda a explicar por qué podemos encontrar oro en la naturaleza en estado nativo, es decir, como oro prácticamente sin combinar con otros elementos, algo mucho menos habitual en metales más reactivos.

Podríamos resumirlo así:

para muchos metales, reaccionar con el entorno resulta relativamente fácil; para el oro, normalmente no.

5. Entonces, ¿el oro es indestructible?

No. Que el oro sea muy poco reactivo no significa que sea indestructible.

Puede rayarse, deformarse, fundirse y, bajo determinadas condiciones químicas, incluso llegar a disolverse.

La diferencia está en que esas condiciones no suelen darse de forma cotidiana. El aire, el agua o la humedad normal apenas le afectan, pero existen sustancias capaces de atacar incluso a un metal tan poco reactivo como el oro.

Esa resistencia química se aprovecha incluso para comprobar si una pieza es realmente de oro. Una de las primeras comprobaciones que pueden realizarse es la conocida prueba del ácido. Su funcionamiento se basa precisamente en que el oro resiste determinados ácidos mucho mejor que muchos otros metales, de modo que la reacción —o la ausencia de ella— puede dar pistas sobre la composición y pureza de la pieza.

Pero que el oro resista determinados ácidos no significa que pueda resistirlos todos. Y aquí entra uno de los casos más famosos: el agua regia.

El famoso caso del agua regia

Uno de los ejemplos más conocidos es el agua regia, una mezcla de ácido nítrico y ácido clorhídrico capaz de disolver oro.

Ninguno de esos ácidos consigue por sí solo realizar el proceso de la misma manera.

Cuando actúan juntos ocurre algo especialmente interesante: el ácido nítrico puede oxidar parte del oro y los iones procedentes del ácido clorhídrico estabilizan el oro en solución formando complejos de cloro. Ese equilibrio permite que continúe disolviéndose más metal.

De hecho, esta propiedad protagoniza una de las historias científicas más curiosas del siglo XX: la desaparición química de dos medallas Nobel durante la Segunda Guerra Mundial.

Existen otras condiciones capaces de atacar al oro

También puede producirse disolución u oxidación del oro en determinados entornos electroquímicos y en presencia de ciertos agentes complejantes.

De hecho, la corrosión del oro existe como campo de investigación científica. Estudios electroquímicos han observado disolución del metal bajo determinadas condiciones de potencial, pH y composición química.

Por tanto, sería más correcto decir:

El oro es extraordinariamente resistente a la oxidación y la corrosión en condiciones ambientales normales, pero no es químicamente invulnerable.

6. ¿Puede ponerse negro el oro?

Aquí aparece una confusión muy habitual. 

Una joya aparentemente «de oro» puede perder brillo, oscurecerse o presentar cambios superficiales.

Eso no significa necesariamente que el oro se haya oxidado.

El oro de una joya normalmente no es oro puro

El oro puro de 24 quilates es relativamente blando, por eso muchas joyas se fabrican mezclándolo con otros metales.

  • 24 quilates: se considera oro puro y suele tener una pureza del 99,9 % o superior.
  • 18 quilates: 75 % de oro.
  • 14 quilates:aproximadamente 58,5 %.

Estas aleaciones hacen la pieza más resistente y también pueden modificar su color. Pero esos otros metales —como el cobre, la plata o el níquel— sí pueden oxidarse o reaccionar con el entorno.

Por eso una joya de oro puede oscurecerse o cambiar de aspecto sin que sea necesariamente el oro el que se esté oxidando.

¿Por qué una pieza de oro puede perder brillo si no está oxidada?

Una superficie de oro puede acumular: grasa de la piel, restos cosméticos, polvo, jabón, partículas ambientales o pequeñas marcas producidas por el uso.

Además, el oro es un metal relativamente blando y puede rayarse. Por tanto, pérdida de brillo, suciedad y oxidación no son sinónimos.

Esto resulta especialmente importante cuando hablamos de joyería, donde el estado visual depende tanto de la composición de la aleación como del uso que haya recibido la pieza.

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7. Una propiedad que permitió al oro atravesar la historia

La escasa reactividad química del oro tuvo una consecuencia extraordinaria: los objetos fabricados con él podían sobrevivir al paso del tiempo mucho mejor que los realizados con muchos otros materiales.

El oro se trabaja desde la prehistoria y aparece en piezas de algunas de las primeras grandes civilizaciones. No significa que sea indestructible: puede doblarse, rayarse, fundirse o desgastarse. Pero químicamente tiene una ventaja enorme:

el paso del tiempo tiene muchas menos oportunidades de transformarlo.

Y esa misma propiedad que permitió conservar piezas durante siglos sigue siendo útil hoy.

El oro combina una buena conductividad eléctrica con una gran resistencia a la corrosión. Por eso se utiliza en determinados conectores, circuitos y componentes electrónicos, donde interesa que las superficies metálicas mantengan una buena conexión sin deteriorarse fácilmente.

Es curioso: la misma propiedad que ayudó a conservar una joya antigua puede estar hoy protegiendo una conexión dentro de un dispositivo electrónico.

8. Un metal que envejece de una forma diferente

Si habéis leído otros artículos nuestros, sabréis que para nosotros el valor del oro no está únicamente en su precio, su peso o su pureza, aunque todos ellos sean factores importantes. Siempre hablamos también de algo más básico: el propio material tiene valor por sus características.

El oro apenas reacciona con el aire, el agua o la humedad en condiciones normales. Para alterarlo químicamente, como hemos visto, normalmente hay que buscar unas condiciones muy concretas. 

Eso no elimina otros aspectos relevantes cuando hablamos de oro físico —pureza, trazabilidad, fabricación, custodia o seguridad—, pero explica una de las razones materiales por las que el ser humano lleva milenios utilizando este metal.

Precisamente por eso, cuando hablamos de oro físico no basta con saber que «es oro»: también importan los estándares que permiten conocer su procedencia, pureza y calidad. En este punto entra en juego la LBMA y sus estándares para el mercado del oro.

Su extraordinaria estabilidad ayuda a entender por qué tantas civilizaciones lo eligieron, por qué existe toda una historia construida alrededor de él e incluso por qué el intento de crearlo mediante la alquimia terminó impulsando otros descubrimientos y conocimientos químicos.

Quizá por eso ha acompañado a tantas civilizaciones, ha sobrevivido a imperios, tumbas, monedas, joyas y tecnologías completamente distintas.

Por eso, miles de años después, seguimos hablando de él. Y por eso existe The Real Money.

¿Quieres seguir entendiendo qué hay detrás del oro?
Descubre más sobre el oro físico y las propiedades que lo han convertido en un material único durante miles de años.

    Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y divulgativa. Ninguna parte de este contenido debe interpretarse como una recomendación personalizada.

    Preguntas frecuentes sobre invertir en oro en tiempos de crisis

    ¿El oro de 24 quilates se oxida?

    En condiciones ambientales normales, el oro de 24 quilates presenta una resistencia extraordinariamente alta a la oxidación y la corrosión. No reacciona fácilmente con el oxígeno ni con el agua.

    ¿El oro puede oxidarse con el agua?

    El agua corriente por sí sola no provoca normalmente una oxidación significativa del oro puro. En aleaciones de oro, sin embargo, otros metales presentes en la pieza pueden comportarse de forma diferente.

    ¿El oro se oxida con agua salada?

    El oro puro es muy resistente también en estas condiciones. Sin embargo, una joya puede contener otros metales susceptibles de corrosión, por lo que no conviene extrapolar el comportamiento del oro puro a cualquier pieza que contenga oro.

    ¿Por qué algunas joyas de oro se ponen oscuras?

    Puede deberse a los metales presentes en la aleación, a productos cosméticos, grasa, suciedad o reacciones superficiales. Cuanto menor sea la proporción de oro, mayor peso tienen las propiedades químicas del resto de metales.

    ¿El oro puede disolverse?

    Sí. Su resistencia química no es absoluta. El ejemplo clásico es el agua regia, capaz de llevar el oro metálico a solución mediante una combinación de oxidación y formación de complejos químicos.

    ¿El oro físico tiene impuestos en España?

    La compra de oro de inversión está exenta de IVA. En cambio, la venta puede generar una ganancia patrimonial que tributa en el IRPF.

    ¿El oro se deteriora con los años?

    El oro puede rayarse, golpearse o deformarse, como cualquier otro metal. La diferencia está en el deterioro químico: mientras muchos metales reaccionan poco a poco con el aire o la humedad, el oro de alta pureza apenas lo hace. Por eso un lingote correctamente almacenado puede conservar sus características durante periodos extremadamente largos.