Cuando pensamos en la jubilación, solemos hacernos las mismas preguntas: cuánto conseguiremos ahorrar, cuál será nuestra pensión o a qué edad podremos dejar de trabajar. Sin embargo, existe otra variable menos conocida que puede cambiar por completo la planificación de la jubilación: el riesgo de longevidad.

Vivir más años es, evidentemente, una buena noticia. Pero desde el punto de vista patrimonial plantea una pregunta mucho menos cómoda: ¿qué ocurre si vivimos más tiempo del que habíamos previsto y nuestro patrimonio tiene que acompañarnos durante diez, veinte o incluso treinta años después de jubilarnos?

Ese es precisamente el problema que intenta explicar el riesgo de longevidad.

  1. Qué es el riesgo de longevidad y por qué importa
  2. Vivimos más años. Y eso cambia la jubilación
  3. Cómo afecta el riesgo de longevidad a la jubilación en España
  4. No importa únicamente cuánto acumulamos
  5. El poder adquisitivo también importa
  6. Planificar una jubilación de 25 o 30 años
  7. Diversificación y patrimonio a largo plazo
  8. ¿Qué papel puede desempeñar el oro físico?
  9. Vivir más años exige pensar más allá de la jubilación

Qué es el riesgo de longevidad y por qué importa

En el ámbito asegurador y actuarial, el riesgo de longevidad hace referencia a la posibilidad de vivir más tiempo que los recursos económicos previstos para sostener esa etapa de la vida. EIOPA lo describe, en el contexto de los sistemas de aportación definida, como el riesgo de que una persona sobreviva a sus propios activos o recursos.

No es exactamente un riesgo de mercado ni un riesgo de inflación, aunque ambos pueden amplificar sus efectos. El problema está principalmente en el horizonte temporal. Un patrimonio diseñado para financiar quince años de jubilación tendrá que afrontar una situación completamente distinta si finalmente debe durar veinticinco o treinta.

Además, existe una dificultad añadida: los efectos del riesgo de longevidad pueden hacerse visibles precisamente cuando existe menos capacidad para corregirlos. A los 40 o 50 años todavía podemos modificar nuestra tasa de ahorro, prolongar nuestra vida laboral o replantear determinadas decisiones. A los 80 o 85 años, esa capacidad puede ser mucho menor.

Por eso, pensar en la longevidad no es algo que debamos dejar para el momento de jubilarnos. Forma parte de las decisiones que tomamos muchos años antes.

Vivimos más años. Y eso cambia la jubilación

En 2024, la esperanza de vida al nacimiento en España alcanzó los 84,01 años. Pero para hablar de jubilación hay un dato todavía más interesante: una persona que alcanzaba los 65 años podía esperar vivir, de media, otros 21,87 años. La cifra era de 19,87 años para los hombres y de 23,64 para las mujeres.

Esto significa que jubilarse hoy ya no implica necesariamente financiar unos pocos años de descanso. Para muchas personas supone preparar una etapa que puede extenderse durante veinte años o más.

Y hay un matiz fundamental: hablamos de promedios. La esperanza de vida no indica cuánto vivirá una persona concreta. Algunas vivirán menos y otras superarán ampliamente esas cifras. Precisamente esa incertidumbre es la que convierte la longevidad en una variable que debe tenerse en cuenta al planificar.

La pregunta ya no debería ser únicamente:

“¿Cuánto necesito para jubilarme?”

También deberíamos preguntarnos:

“¿Durante cuánto tiempo tendrá que acompañarme ese patrimonio?”

Cómo afecta el riesgo de longevidad a la jubilación en España

El envejecimiento de la población española no es solamente una cuestión individual. También está transformando progresivamente el sistema público de pensiones. La OCDE proyecta que en España la relación entre población mayor de 65 años y población de 20 a 64 años aumentará en más de 25 puntos durante las próximas décadas, uno de los incrementos más importantes entre sus países miembros.

España mantiene, además, una elevada protección pública de la jubilación en comparación con otros países desarrollados. Según las proyecciones de la OCDE basadas en la legislación vigente en 2025, la tasa neta futura de sustitución para un trabajador hombre con salario medio y carrera completa alcanza el 86,3 % en España, frente al 63,2 % de media de la OCDE. Se trata de una estimación para un perfil concreto y no de una tasa aplicable a todos los futuros pensionistas.

Al mismo tiempo, la sostenibilidad del sistema continúa siendo objeto de análisis. AIReF estima que el gasto público en pensiones aumentará en torno a 3,4 puntos de PIB hasta 2050 y advierte de que el cumplimiento de la regla de gasto no implica por sí solo que los desafíos de sostenibilidad hayan desaparecido.

Paralelamente, la edad ordinaria de jubilación continúa aumentando dentro del calendario establecido por la legislación española. En 2026, quienes acrediten 38 años y 3 meses o más de cotización pueden jubilarse a los 65 años; quienes no alcancen ese periodo deben esperar hasta los 66 años y 10 meses. A partir de 2027, serán necesarios 38 años y 6 meses de cotización para mantener la jubilación a los 65 años; en caso contrario, la edad ordinaria será de 67 años.

Trabajar durante más tiempo puede contribuir a adaptar el sistema a una población más longeva, pero no elimina el problema individual: después de jubilarnos podemos seguir necesitando recursos durante veinte, veinticinco o treinta años.

Por eso la pensión pública es solamente una de las variables que deben tenerse en cuenta cuando pensamos en nuestro futuro.

No importa únicamente cuánto acumulamos

La mayoría de las conversaciones sobre ahorro para la jubilación se concentran en una fase: la acumulación.

¿Cuánto debo ahorrar cada mes? ¿Cuánto capital tendré a los 67 años? ¿Qué patrimonio puedo construir durante mi vida laboral?

Son preguntas importantes, pero representan únicamente una parte del problema. Después comienza otra fase: utilizar ese patrimonio para mantener nuestro nivel de vida.

Un capital de 300.000 euros pensado para financiar quince años de jubilación tiene una función muy distinta si finalmente debe acompañarnos durante veinticinco. El número inicial es exactamente el mismo. Lo que cambia es lo que necesitamos que ese dinero haga por nosotros.

Esta es una de las razones por las que el riesgo de longevidad obliga a mirar la jubilación desde una perspectiva diferente.

El poder adquisitivo también importa

Cuando hablamos de periodos de veinte o treinta años, no basta con pensar en cuánto dinero tendremos. Hay que pensar en cuánto podrá comprar ese dinero.

La inflación provoca que una misma cantidad nominal pierda capacidad de compra cuando aumenta de forma general el nivel de precios. El Banco de España lo explica de forma muy sencilla: cuando suben los precios, con la misma cantidad de dinero podemos adquirir menos bienes y servicios, lo que supone una pérdida de poder adquisitivo.

Un patrimonio que aparentemente parece suficiente al inicio de la jubilación puede, por tanto, tener una capacidad económica diferente quince o veinte años después.

Por eso existe una diferencia fundamental entre conservar una cantidad de dinero y conservar su valor real. Cuanto más largo sea nuestro horizonte de jubilación, más importante resulta esta diferencia.

La pregunta vuelve a cambiar:

No solamente “¿cuánto tendré?”, sino también:

“¿Qué podrá permitirme ese patrimonio cuando realmente lo necesite?”

Planificar una jubilación de 25 o 30 años

Nadie puede saber si vivirá hasta los 78, 88 o 98 años. Una planificación razonable no debería intentar adivinarlo. Debería contemplar diferentes escenarios.

Pensar también en una jubilación de 25 o 30 años no significa asumir que necesariamente viviremos durante todo ese periodo. Significa comprobar qué ocurriría con nuestra planificación si lo hiciéramos.

Ese simple cambio de horizonte puede modificar muchas decisiones: cuánto necesitamos ahorrar, cuándo debemos comenzar, qué porcentaje del patrimonio necesitamos mantener disponible, cuánto podemos consumir cada año o cómo distribuimos nuestras necesidades entre diferentes tipos de activos.

El tiempo deja entonces de ser una variable secundaria y pasa a convertirse en una de las piezas fundamentales de la planificación de la jubilación.

Diversificación y patrimonio a largo plazo

Cuanto más largo sea el horizonte, mayor importancia puede adquirir también la diversificación. Diversificar no significa simplemente acumular muchos productos diferentes, sino evitar una concentración excesiva del patrimonio en un mismo tipo de activo o riesgo.

La CNMV define la diversificación de riesgos como un principio basado en distribuir la inversión entre productos con diferentes expectativas de rentabilidad y riesgo, de forma que los distintos riesgos puedan compensarse parcialmente. También recuerda que diversificar ayuda a controlar el riesgo, pero no elimina la posibilidad de sufrir pérdidas.

Cada parte del patrimonio puede desempeñar una función diferente. Una puede proporcionar liquidez para cubrir necesidades inmediatas. Otra puede estar orientada al crecimiento. Otra puede responder a objetivos de medio plazo. Y otra puede desempeñar una función relacionada con la preservación patrimonial.

La combinación dependerá de las circunstancias, necesidades y objetivos de cada persona.

Y es precisamente dentro de esta reflexión donde puede aparecer también el oro físico.

¿Qué papel puede desempeñar el oro físico?

El oro no elimina el riesgo de longevidad. Tampoco genera una renta periódica, garantiza una determinada revalorización ni sustituye una planificación global de la jubilación. Su precio puede atravesar fases de crecimiento y también periodos importantes de corrección.

El Banco Central Europeo recuerda que el oro tiene una larga historia como reserva de valor y presenta características diferentes de otros activos: no genera flujos de caja y no constituye el pasivo de una contraparte, por lo que no incorpora riesgo de impago de un emisor en el mismo sentido que un título de deuda. Eso no significa que carezca de riesgo: su precio fluctúa y puede registrar pérdidas de valoración.

Por ello, para algunas personas el oro físico puede representar un elemento adicional dentro de una visión patrimonial diversificada y de largo plazo.

Un elemento, no el patrimonio completo.

Cuando hablamos de oro físico también existe otra cuestión importante: saber exactamente qué se posee. Procedencia, documentación, titularidad, trazabilidad y custodia son elementos relevantes cuando un activo está pensado para acompañarnos durante muchos años.

Por eso no basta con preguntarse cuánto oro tenemos. También importa saber de dónde procede, cómo está documentado y en qué condiciones se encuentra custodiado.

Vivir más años exige pensar más allá de la jubilación

El riesgo de longevidad cambia una de las preguntas más habituales sobre nuestro futuro. Durante gran parte de nuestra vida nos preguntamos cuánto conseguiremos acumular. Quizá deberíamos empezar a preguntarnos también durante cuánto tiempo tendrá que acompañarnos aquello que hemos construido.

Vivir más años no debería generar alarma. Al contrario: es uno de los grandes logros del progreso médico, económico y social de las últimas décadas. Pero una vida más larga también exige ampliar el horizonte con el que tomamos decisiones patrimoniales.

La planificación de la jubilación no termina necesariamente el día en que dejamos de trabajar. En cierto modo, es entonces cuando empieza la verdadera prueba del patrimonio que hemos construido durante décadas.

En The Real Money creemos que comprender conceptos como el riesgo de longevidad, la inflación, la diversificación, el poder adquisitivo y la preservación patrimonial es fundamental antes incluso de hablar de un activo concreto.

Facilitamos el acceso al oro físico, con documentación, trazabilidad, custodia profesional y acompañamiento durante el proceso, para quienes deciden incorporarlo dentro de su visión patrimonial a largo plazo.

Porque si vivimos más años, quizá también tengamos que empezar a pensar más lejos.

Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y divulgativa. Ninguna parte de este contenido debe interpretarse como una recomendación personalizada.

Cada patrimonio es diferente. Comprender esto permite valorar
el oro físico no como una simple compra, sino como parte de una estrategia de protección patrimonial.

¿Quieres saber más sobre el oro físico, su trazabilidad y su papel a largo plazo?

    Preguntas frecuentes sobre invertir en oro en tiempos de crisis

    ¿Es buen momento para invertir en oro físico?

    El oro físico no depende tanto del momento como del objetivo. Se utiliza principalmente como herramienta de protección patrimonial a largo plazo, no como inversión táctica a corto plazo.

    ¿Cuánto dinero necesito para empezar a invertir en oro físico?

    No existe una cantidad mínima fija. El oro físico puede adquirirse de forma progresiva, adaptándose al perfil y a los objetivos de cada inversor. En The Real Money puedes hacerlo desde 100€.

    ¿Es seguro invertir en oro físico?

    Sí, siempre que se realice correctamente. La seguridad depende de factores como la certificación del oro, la propiedad real del activo y su custodia.

    ¿Dónde se guarda el oro físico?

    El oro puede guardarse de forma personal o mediante custodia profesional. Esta última suele ofrecer mayores garantías de seguridad, trazabilidad y conservación.

    ¿Se puede vender el oro físico fácilmente?

    Sí, siempre que sea oro certificado y reconocido en el mercado. Su liquidez dependerá en gran medida de cómo se haya adquirido y de sus condiciones.

    ¿El oro físico tiene impuestos en España?

    La compra de oro de inversión está exenta de IVA. En cambio, la venta puede generar una ganancia patrimonial que tributa en el IRPF.

    ¿Es mejor invertir en oro físico o en productos financieros?

    Depende del objetivo. No es lo mismo tener exposición al precio del oro que tener el activo en propiedad, ya que implican niveles distintos de control y dependencia.